LAS CARTAS DE ARICA
Durante el sitio y antes de la batalla,
varios oficiales de Arica dirigieron cartas a sus familiares y amigos, las
mismas que reflejaban su estado de ánimo y premoniciones, pero por encima de
todo, su patriótica determinación de defender los intereses del Perú. Aquí una
selección de ellas, escritas por tres de los principales protagonistas:
Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte y Ramón Zavala:
Carta de Francisco
Bolognesi a su esposa
"... Esta será seguramente una de las últimas noticias que te lleguen de
mí, porque cada día que pasa vemos que se acerca el peligro y que la amenaza de
rendición o aniquilamiento por el enemigo superior a las fuerzas peruanas son
latentes y determinantes. Los días y las horas pasan y las oímos como golpes de
campana trágica que se esparcen sobre este peñasco de la ciudadela militar
engrandecida por un puñado de patriotas que tienen su plazo contado y su
decisión de pelear sin desmayo en el combate para no defraudar al Perú. ¿Que
será de ti amada esposa? Tú que me acompañaste con amor y santidad. ¿Que será
de nuestros hijos, que no podré ver ni sentir en el hogar común? Dios va a
decidir este drama en el que los políticos que fugaron y los que asaltaron el
poder tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado con su
incapacidad la sentencia que nos aplicará el enemigo. Nunca reclames nada, para
que no se crea que mi deber tiene precio...”
Carta de Alfonso Ugarte a Fermín Vernal
“... No hay detalles ni tenemos noticias seguras de los
nuestros más de lo que te comunico. Aquí en Arica estamos solamente dos
divisiones de nacionales, defendiendo este punto, y aún cuando somos tan pocos,
no podemos hacer lo de Iquique, abandonar el puerto y entregarlo, porque éste
es un puerto artillado y tiene elementos y posiciones de defensa. Tenemos pues,
que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos la
arranquen a la fuerza. Ese es nuestro deber y así lo exige el honor nacional.
Estamos pues esperando ser atacados por mar y tierra. Dios sabe lo que
resultará, así que te puedes imaginar mi triste situación. Sin embargo es
preciso resistir hasta el último y te puedo asegurar, también, que con las
posiciones que ocupamos en el morro, los cañones de grueso calibre y las minas
que tenemos preparadas, les costará muchas vidas a los chilenos reducirnos y
quitarnos esta plaza.
Estamos resueltos a resistir con toda la seguridad de ser
vencidos, pero es preciso cumplir con el honor y el deber. Quizás la suerte nos
favorezca y lleguen con tiempo los refuerzos que esperamos de Arequipa...”
Carta de Ramón Zavala a
un amigo
“... De todos modos tengo la seguridad de que si no
triunfamos, que si los chilenos no reciben su castigo aquí, que si no hacemos
de Arica un segundo Tarapacá, la defensa será de tal naturaleza, que nadie en
el país desdeñará en reconocer en nosotros sus compatriotas, y que los
neutrales no dejaran de reconocernos como los defensores de la honra e
integridad de nuestra patria.
Arica, no se rinde, ni las banderas se despliegan para
abandonar la plaza; por el contrario, resistirá tenaz y vigorosamente, y cuando
la naturaleza cede, obedeciendo a leyes físicas, los invasores pondrán su
planta en un suelo que está cubierto de cadáveres y regado por sangre peruana.
Sus defensores prefieren la muerte a la deshonra; la gloria a una vida que les
hubiera sido insoportable, sino hubieran aprovechado del último resto de ella
para escarmentar al enemigo y levantar más alto el pabellón
nacional...”